Cortinas de lino forrado, mantas de lana merina y tapicerías bouclé absorben reverberaciones y suavizan contornos, logrando interiores más calmados. Su caída natural crea sombras sutiles que aportan interés sin sobrecargar. Además, regulan temperatura y aportan calidad táctil cotidiana, clave cuando el sofá también es cama o el banco sirve de asiento y apoyo para invitados inesperados en espacios ajustados.
El travertino con poro abierto y el roble con veta visible cuentan el paso del tiempo con nobleza. Un umbral de piedra ligera, un sobre de mesa mate y zócalos de madera aceitada unifican visualmente pequeñas estancias. La porosidad controlada aporta textura que capta la luz, mientras los tonos terrosos equilibran blancos rotos y grises suaves, evitando frialdad clínica y favoreciendo una calidez reposada.
Latón cepillado, acero inoxidable satinado y hierro pátina chocolate funcionan como finas líneas que organizan el espacio. Un marco de espejo, una lámpara articulada o unos tiradores delicados bastan para dar jerarquía sin saturar. El acabado mate reduce reflejos agresivos y ayuda a que la vista descanse, útil cuando cocina, comedor y sala conviven en un mismo volumen compacto y activo.
Una paleta con blancos cremosos, gris perla y beige mineral evita contrastes estridentes que encogen visualmente. Pequeños acentos en arcilla o oliva pálido añaden carácter sin romper la calma. Esta armonía permite que la vista fluya y que la luz rebote suavemente, haciendo que un estudio de pocos metros se perciba ordenado, acogedor y más profundo de lo que dictan sus dimensiones reales.
Una paleta con blancos cremosos, gris perla y beige mineral evita contrastes estridentes que encogen visualmente. Pequeños acentos en arcilla o oliva pálido añaden carácter sin romper la calma. Esta armonía permite que la vista fluya y que la luz rebote suavemente, haciendo que un estudio de pocos metros se perciba ordenado, acogedor y más profundo de lo que dictan sus dimensiones reales.
Una paleta con blancos cremosos, gris perla y beige mineral evita contrastes estridentes que encogen visualmente. Pequeños acentos en arcilla o oliva pálido añaden carácter sin romper la calma. Esta armonía permite que la vista fluya y que la luz rebote suavemente, haciendo que un estudio de pocos metros se perciba ordenado, acogedor y más profundo de lo que dictan sus dimensiones reales.
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